La Era de los Descubrimientos, ¡que evocador nombre el de aquella época! Los mapas inacabados fueron poderosas llamadas para aquellos reyes y hombres que movidos por la ambición, la sed de aventura o el afán por conocer, promovieron o encabezaron las formidables empresas que dieron nombre a su tiempo.
En 1487 una de las líneas que continuaban dibujándose en el mapa era el fino trazo de la costa africana, que década a década continuaba extendiéndose hacia el sur. Y al igual que en el medio siglo anterior, en ese momento la trazaban marinos portugueses.
¿Sería posible el sueño de Enrique el Navegante de alcanzar la India bordeando el aún desconocido extremo sur de África?
Una vez dejado atrás Walvis Bay (Namibia), último punto cartografiado hasta el momento, la expedición encabezada por Bartolomé Díaz era la punta misma de nuestro pincel.
Cada nuevo tramo de costa que vislumbraban había sido hasta el momento un misterio para Europa.
Las dos carabelas y su barco de provisiones continúan costeando hacia el sureste hasta que llegan a un punto en el que fuertes tormentas les impiden seguir hacia delante. Bien arrastrados por ellas, o bien en un valiente intento por sortearlas y encontrar mejores vientos, se adentran en el océano rumbo al sur.
Unos días después, tras corregir el rumbo, vuelven a avistar tierra en la lejanía. Díaz se estremece por un momento, pues la costa parece correr de oeste a este, por el momento no continúa hacia el sur. Expectantes continúan durante días navegando hacia el este hasta que por fin, cada vez de manera más pronunciada, la costa empieza a dirigirse hacia el norte… ¡por fin! Durante el rodeo dado a causa de las tormentas han sobrepasado el punto más meridional de África y hace ya días que surcan las aguas del Océano Índico. ¡Emocionante momento a bordo de las carabelas!
El deterioro de las naves y la escasez de provisiones casi llegan a amotinar a la maltrecha tripulación, por lo que finalmente la expedición no proseguirá en busca de la India. Cuando las naves retornan a Lisboa a finales de 1488, casualidades de la Historia, un tal Cristóbal Colón se encuentra en la ciudad. Desde hace tiempo Colón propone al rey de Portugal la búsqueda de una nueva y arriesgada ruta hacia la India, pero los recientes descubrimientos hacen que se desestime por completo.
Bartolomé Díaz escribió en 1488 una nueva página de la Historia, pero su gesta pronto quedará eclipsada por un acontecimiento colosal que él, sin saberlo, contribuyó a asociar para siempre a la Historia de España: el descubrimiento de un Nuevo Mundo.
Algunos enlaces:
Amplio post de otro blog sobre la expedición de Bartolomé – Aquí
Una historia de la cartografía, más visual que escrita – Aquí
Página del pintor Gordon Miller con cuadros sobre la Era de los Descubrimientos – Aquí












Edu Macedo
31 marzo, 2011
Sin duda un momento emocionante, muy distinto de la cotidianeidad gris y tediosa que provoca en muchos de nosotros la vida y las sociedades modernas.
Pit
1 abril, 2011
El Cabo de Buena Esperanza… q nombre tan genial. Parece ser q Díaz lo llamó en principio Cabo de las Tormentas y más adelante fue rebautizado. Meeeeeeencanta este post, y las ilustraciones elegidas buenísimas ¡sobre todo ese rinoceronte con armadura!
Algún día quizás me siente en la última piedra del Cabo de Agujas y bañe un pié en cada océano (y espero q entonces haya alguien detrás xa hacerme una foto!)
milawrence
1 abril, 2011
Aaaaay Edu, tenemos que vencer el tedio, aunque cada vez es más difícil buscar una parcelita de aventura en el mundo de hoy!
Pit es una pena que el más meridional sea el de Agujas verdad? Con lo bonito q es el de nombre de Buena Esperanza. Tengo entendido que lo rebautizó Juan II a la vuelta de la expedición (ya sabes, el que paga…). Quizá lo hizo pensando en la ruta que quedaba abierta hacia la India…
De todos modos espero que se cumpla tu deseo y estar ahí para hacerte la foto. O bueno, ya que estamos, que venga Edu y nos la haga a los dos, que seguro que la hará mucho mejor!
jaumevidales
12 abril, 2011
Si cuando miras un mapa actual para decidir la ruta a seguir en el próximo viaje ya te hace cosquilleo el estómago, cómo serían aquellos antíguos viajes en que desconocían lo que se iban a encontrar. ¡Aquello sí que era pura aventura!
milawrence
14 abril, 2011
Jajaja, como tenía que ser el cosquilleo entonces!!